CONTRADICCIONES SOBRE EL PODER EN MÉXICO
PERDIERON PRIVILEGIOS, PUES SI….
Milenio/Román Revueltas Retes
López
Obrador tiene enemigos verdaderos, vaya que sí. Gente que, a diferencia de
quienes se inquietan por la deriva populista de este país o por la
concentración del poder en un mismo grupo político, lo repudia por haber
perdido privilegios y por no ser parte ya de un círculo que montaba complejas
corruptelas.
Gente de una ultraderecha que no dijo ni pío
cuando Vicente Fox expropió 27 ingenios azucareros en 2001. Se encontraban
prácticamente en quiebra por adeudar sumas colosales a los productores de caña,
es cierto, pero ¿cuándo entonces es que el rescate gubernamental de
corporaciones privadas se justifica y cuándo es que no deben los recursos de
los contribuyentes destinarse a salvar a empresarios ineptos? Una misma medida,
¿resulta a la vez aceptable, cuando la dispone un correligionario, y rechazable
si es que la aplica un adversario político? El actual presidente de la
República se ve obligado a enfrentar a esos grupos de interés. El tema,
justamente, es que quienes lo hemos criticado con tanta constancia no somos
emisarios de parecida mafia, ni mucho menos, sino meros observadores de una
realidad.
No
cuestionamos por adhesión a una pandilla de saqueadores sino porque nos
inquieta la posible fractura de nuestra joven democracia. Se argumenta siempre
que los recién llegados a un cargo público deben sobrellevar la tal “curva de
aprendizaje” (me pregunto de dónde viene el terminajo, pero lo hemos ya
adoptado universalmente para explicar, o justificar, los yerros de los
gobernantes en sus primeros meses de gestión) y muchos amigos míos me dicen que
a Obrador hay que darle un voto de confianza, a pesar de todos los pesares y
por encima de las reservas que podamos tener, porque es un hombre bien
intencionado. Estaríamos viviendo, además, un auténtico “cambio de régimen” y
quienes hubiéremos deseado cierta continuidad del orden anterior —sin la
galopante corrupción que conllevamos en el pasado sexenio, desde luego— no
estaríamos advirtiendo en todas sus dimensiones la trascendencia de esta
transformación. Admitámoslo, sin necesariamente conceder. El asunto, sin
embargo, se reduce a lograr el bienestar de toda una nación. Y ahí no hay
retórica ni tampoco obstruccionismo de nadie. Ahí hay resultados. Nada más. Ya
lo veremos… revueltas@mac.com
EL TSUNAMI DE LÓPEZ OBRADOR
EL FINANCIERO/RAYMUNDO RIVA PALACIOS
El
acuerdo presidencial se mantiene sólido. Andrés Manuel López Obrador hiló cinco
meses consecutivos de aprobación ciudadana (68%), según la encuesta mensual que
publica El Financiero. Pero, además, se reflejó un consenso revigorizado, al
revertir tendencias a la baja que se veían observando en sus atributos y
políticas en los meses anteriores. Todo subió en esta nueva encuesta publicada
el lunes, su honestidad, su liderazgo, su credibilidad. Incluso, hasta que una
mayoría sienta que la seguridad va mejorando, que su lucha contra la corrupción
va en camino ascendente y que la economía está bien. La estrategia de
comunicación política a través de las mañaneras va funcionando.
Al
mismo tiempo, sin embargo, la brecha entre sus gobernados se está ensanchando.
La sociedad que invierte, la que mueve la economía, provee los equilibrios, la
que le ayuda a reducir la opacidad, que con los contrapesos permite que la
gestión sea más eficiente, está bajo acoso y ataque permanente por parte de
López Obrador, embarcado en un proceso de desinstitucionalización, no para
desaparecerlas, como en un principio parecía ser su objetivo, sino para colocar
a sus incondicionales dentro de sus órganos de dirección para influir en ellos
y que no dificulten el cambio que desea.
La
renuncia de Eduardo Medina Mora de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
le permitirá presentar una terna con tres personas que respondan a su proyecto.
Próximamente enviará sus propuestas para el relevo en la presidencia de la
Comisión Nacional de Derechos Humanos. Recientemente hizo lo mismo en el
Consejo Regulador de Energía y está cambiando a los consejeros independientes
de Pemex. A través de los instrumentos democráticos que se fueron construyendo
en el último cuarto de siglo, está mediatizándolos. El presidente está tomando
el control de los pilares del Estado, como el Congreso, que acata
inopinadamente sus deseos, y la Suprema Corte, cuyo presidente, Arturo
Zaldívar, parece crecientemente subordinado a López Obrador.
El
presidente está en el mejor de los mundos. Alto consenso ciudadano para lo que
quiera hacer, con un mandato poderoso. Contra sus enemigos utiliza la mañanera
para amedrentarlos y hostigarlos, utilizando como fuerte arma política al SAT y
a la Unidad de Inteligencia Financiera, que suelen acusar públicamente con
investigaciones sin terminar. El último caso es el de Medina Mora, que no tenía
planes de renunciar, hasta que fue ablandado la semana pasada cuando la UIF
congeló las cuentas de varios de sus hermanos, como parte de su investigación
por el presunto delito de lavado de dinero y enriquecimiento. A quienes
expresan puntos de vista distintos, los descalifica y etiqueta de conservadores
que defienden el status quo, entendido este, en la verbena popular del nuevo
gobierno, como defensores de un sistema corrupto y lleno de privilegios.
La
encuesta de El Financiero revela que el discurso del presidente, la demagogia y
la propaganda, recuperaron energía y está penetrando eficientemente entre la
población. Ello le da espacio de maniobra y le reduce presiones. López Obrador
tuvo éxito en el último mes, si uno ve los resultados del estudio demoscópico,
en la administración de las expectativas, que es como un gobernante tiene que
caminar durante su gestión. Levantó esperanzas sobre el combate a la
corrupción, a partir probablemente de las acciones contra la ex secretaria de
Desarrollo Social, Rosario Robles, que a su vez llenaron el imaginario
colectivo -expresado a través de la prensa política- con su sed de venganza
para que el ex presidente Enrique Peña Nieto sea sometido a juicio. Mejoró
sustantivamente (8%) la percepción sobre el combate a la delincuencia, sin
hacer nada salvo manejar el discurso de la contención. De la misma manera, sin
tampoco hacer nada visible, el respaldo a la Guardia Nacional creció cinco
puntos, de 62 a 67%, y sus negativos cayeron seis, de 22 a 16.
Las
mañaneras, que han sido criticadas ampliamente, mostraron un nuevo apoyo para
López Obrador. Entre agosto y septiembre, según la encuesta, repuntó 5% el
apoyo nacional a ese modelo de comunicación, colocándolo en una aprobación de
59%, un nivel que no había tenido desde febrero, cuando estuvo en 69%. Los
negativos de las mañaneras también se redujeron significativamente, de 21 a
16%, casi igual que lo que tuvo de febrero a mayo. Es decir, el presidente no
se desgastó, pese a que en las últimas semanas se ha equivocado con
informaciones abiertamente falsas.
Los
mexicanos, siguiendo con los datos de El Financiero, le están perdonando todo a
López Obrador. El discurso, por tanto, está teniendo impacto y éxito. Sin
embargo, como él mismo admite en privado, la aprobación no será para siempre,
lo que suele repetir entre sus colaboradores para que no se dejen engañar por
la magia efímera de la demoscopia. La administración de expectativas que le
funciona se sostiene en temas económicos de bolsillo, donde el incremento al
salario mínimo, el diferencial de tasas de interés, la transferencia directa de
recursos en sus programas sociales y las remesas, neutralizan las preocupaciones
en otros campos, como el de la seguridad y el empleo formal.
El
problema de lo bien que lo hizo en el último mes es, paradójicamente, su
principal riesgo. Las expectativas pueden administrarse hasta el momento que se
tienen que entregar resultados, particularmente económicos. No puede alterarse
el ingreso y el dinero en el bolsillo. Si López Obrador puede torear desafíos
como las guerras comerciales del presidente Donald Trump, o que no se apruebe
el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, o que haya una baja
calificación para Pemex, mantendrá el apoyo de 7 de cada 10 mexicanos. ¿Es
probable? Sí. ¿Posible? Eso sí que no.


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